A una estatua

 Estatua de glorieta, mole altiva,
efigie pétrea en pedestal bruñido,
en tu inflamado torso sin latido
simulas alma en roquedal cautiva.

La rígida expresión parece viva
en tu inmutable gesto retenido;
ya en la fingida piel prende el olvido
y asoma una verdad definitiva:

Ruina serás como el mortal humano,
derribo, escombro al fin tarde o temprano,
disperso mineral, residuo inerte.

Donde el cantal se alzó triunfó la muerte;
donde cayó, una inscripción labrada:
Eterna quiso ser y no fue nada.

Autor: Vicente Fernández-Cortez, España

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