No hay gaviotas, ni sal, ni marejada,
ni arenas que bañar, ni litorales,
ni existen negros fondos abismales
ni tempestad de calma disfrazada.
Aquí no encuentras velas desplegadas,
ni peces que pescar, porque no hay tales,
ni arrecifes henchidos de corales,
ni playas al bullicio destinadas.
Lo que sí podrás ver entre el paisaje
es su verde cambiar a un oleaje
que el viento danzarín mueve consigo
en la llanura extensa y ondulada
donde flota la espuma ya espigada
de un silencioso y bello mar de trigo.
ni arenas que bañar, ni litorales,
ni existen negros fondos abismales
ni tempestad de calma disfrazada.
Aquí no encuentras velas desplegadas,
ni peces que pescar, porque no hay tales,
ni arrecifes henchidos de corales,
ni playas al bullicio destinadas.
Lo que sí podrás ver entre el paisaje
es su verde cambiar a un oleaje
que el viento danzarín mueve consigo
en la llanura extensa y ondulada
donde flota la espuma ya espigada
de un silencioso y bello mar de trigo.
Autor: Mario Martínez Martínez, España
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